Cada vez más personas mayores de 35 años practican deporte de forma habitual, participan en competiciones o mantienen entrenamientos exigentes para mejorar su condición física. A este perfil se le conoce como deportista máster: una persona de 35 años o más que entrena de manera regular y participa en competiciones deportivas.
La práctica deportiva en estas edades tiene enormes beneficios para la salud. De hecho, los datos recogidos en la encuesta de hábitos deportivos en España 2024/25 reflejan una alta participación deportiva y de actividad física en mayores de 35 años. Sin embargo, cuando el entrenamiento se realiza con intensidad importante o con muchas horas semanales de dedicación, también puede producir adaptaciones cardiovasculares que deben vigilarse.
El deporte regular, realizado con un nivel razonable de dedicación, es beneficioso y debe recomendarse. Pero en algunos deportistas máster, especialmente en quienes practican deportes de resistencia o entrenan con alta intensidad, pueden aparecer determinados hallazgos cardiovasculares que requieren diagnóstico, seguimiento o tratamiento médico.
Arritmias en el deportista máster
Uno de los grupos de alteraciones más relevantes son las arritmias. Algunas alteraciones del ritmo cardiaco son características en deportistas máster, especialmente en quienes practican deportes de resistencia como ciclismo o atletismo de largas distancias.
Entre ellas destaca la fibrilación auricular, una irregularidad del ritmo cardiaco que puede ser asintomática y que aumenta el riesgo de fenómenos tromboembólicos. En algunos casos, puede requerir tratamiento anticoagulante.
También pueden aparecer bradiarritmias, situaciones en las que disminuyen las pulsaciones generadas en el corazón. A veces no producen síntomas, pero en otros casos pueden manifestarse con mareo, presíncope, intolerancia al ejercicio o fatiga. La bradicardia sinusal es frecuente en deportistas y suele considerarse una adaptación fisiológica al entrenamiento, aunque en algunos casos puede indicar que el corazón no aumenta adecuadamente su frecuencia durante el esfuerzo.
Las arritmias ventriculares son otro hallazgo importante. No se consideran fisiológicas ni atribuibles al entrenamiento. Pueden presentarse como extrasístoles o taquicardias ventriculares y, aunque muchas veces son asintomáticas, algunas personas pueden notarlas como latidos fuertes, sensación de ausencia de un latido o palpitaciones. Su causa puede ser variable y, en ocasiones, estar relacionada con alguna cardiopatía, por lo que precisan estudio.
El documento también advierte de que algunas arritmias pueden tener relación con el uso de sustancias dopantes o con complementos nutricionales para deportistas que contengan sustancias prohibidas no declaradas en el etiquetado.
Aterosclerosis coronaria y deporte de resistencia
Otro aspecto relevante es la aterosclerosis coronaria, caracterizada por la presencia de grasas y calcio en el interior de las arterias coronarias. Estas obstrucciones pueden provocar angina de pecho o infarto de miocardio.
El entrenamiento físico regular mejora factores de riesgo como la presión arterial, el estado inflamatorio, los niveles de lípidos y la tolerancia a la glucosa. Sin embargo, el documento señala que la calcificación coronaria y la aterosclerosis son más frecuentes en deportistas veteranos de resistencia masculinos que en personas menos activas de la misma edad.
Esto no significa que haya que limitar el deporte en ausencia de síntomas. La aptitud física se asocia con menor mortalidad general y mejores resultados cardiovasculares. Pero los deportistas veteranos con factores de riesgo cardiovascular deben seguir medidas preventivas, incluyendo cambios en el estilo de vida y, cuando el médico lo indique, tratamiento farmacológico.
Otros hallazgos cardiovasculares
El deportista máster también puede presentar dilatación aórtica, es decir, un aumento del diámetro de la aorta. Este fenómeno puede aparecer con la edad y podría ser más frecuente en deportistas máster de edad avanzada. Su detección requiere estudios diagnósticos avanzados en el contexto de sospecha clínica.
La fibrosis miocárdica consiste en la acumulación de tejido cicatricial en el corazón, sustituyendo células miocárdicas sanas. Esta alteración puede generar rigidez, disminuir la fuerza de contracción y alterar la conducción eléctrica, favoreciendo insuficiencia cardíaca y arritmias. Según el documento, parece más frecuente en deportistas máster de edades avanzadas, aunque solo se diagnostica cuando existe sospecha de patología cardiaca.
También se describe la miocardiopatía arritmogénica inducida por el esfuerzo, observada con mayor frecuencia en deportistas veteranos de disciplinas de resistencia con componente isométrico, como ciclismo, triatlón y remo. Se caracteriza por arritmias ventriculares, dilatación ventricular asimétrica y ausencia de una causa clara.
Reconocimiento médico y prueba de esfuerzo
La principal recomendación para el deportista máster es realizar un reconocimiento médico para la aptitud deportiva antes de practicar deporte. Este reconocimiento debe incluir, como mínimo, antecedentes familiares y personales, anamnesis, exploración por aparatos con especial atención cardiovascular y locomotora, antropometría y electrocardiograma de reposo.
La prueba de esfuerzo es altamente recomendable en deportistas máster, especialmente en los de mayor edad, en quienes presentan factores de riesgo cardiovascular, en pacientes con cardiopatía u otras enfermedades y en quienes tienen síntomas relacionados con el esfuerzo físico. El documento incluso señala que debería ser obligatoria para inscribirse en competiciones de larga distancia.
Señales que obligan a parar
El deportista máster debe suspender la actividad deportiva y consultar con un médico si presenta síntomas sugestivos de patología cardiovascular como síncope, mareo, dolor torácico, palpitaciones o disnea. Estos síntomas deben suponer la interrupción inmediata de la práctica deportiva y una consulta médica.
También se recomienda que la práctica deportiva y la competición estén dirigidas por profesionales de la Educación Física y el Deporte, con entrenamientos progresivos, de menos a más, adaptados a las posibilidades de cada persona.
Por último, el documento recuerda que no se debe entrenar ni competir con catarro, infección, aunque sea leve, ni fiebre. También se deben evitar los procedimientos de dopaje y el consumo de complementos nutricionales no prescritos por un médico o recomendados por un profesional sanitario cualificado.
En definitiva, el deporte en mayores de 35 años es una herramienta de salud de gran valor, pero cuando se practica con intensidad o con objetivos competitivos debe acompañarse de prevención, reconocimiento médico y atención a los síntomas. Escuchar al cuerpo, controlar los factores de riesgo y consultar ante señales de alarma permite practicar deporte con mayor seguridad.







